
Ascesis es una experiencia mística en la que alma y cuerpo se separan. Es un camino más en la interminable búsqueda del punto partida. Un estadio en el que es posible quitarse los lastres morales y abandonar todo razonamiento. Es volver a empezar, un reciclaje interior difícil de encontrar.
Hace tiempo que encontrar un lugar donde mostrar el “arte emergente” ha dejado de ser una opción para pasar a ser una necesidad. Y así lo ha entendido el TEA.
Es por ello que el pasado 6 de abril el TEA (Tenerife Espacio de las Artes) inauguró un nuevo espacio expositivo con el nombre de Área 60. Un lugar donde los jóvenes artistas canarios podrán exponer su trabajo en períodos de mes y medio. Son 60 metros, paredes que colgarán el trabajo de los que ahora comienzan a forjarse un camino dentro del arte. No es fácil, y por ello el TEA produce la obra de estos artistas.
Claudio Marrero es el comisario, y ha sido el encargado de seleccionar, entre la cantera de artistas canarios, lo mejor del “arte emergente”. Un papel bastante complicado ya que el arte contemporáneo en Canarias goza de buena salud.
La primera en tomar este espacio ha sido Laura Benavente Sovieri. La artista, argentina de nacimiento y canaria de adopción, mostrará hasta el próximo 24 de mayo una serie de 7 fotografías en las que “el cuerpo es el que manda”.
La exposición lleva por nombre Ascesis y en ella, la joven artista argentina, muestra un escaparate místico en el que narra el proceso en el que la razón desaparece y, con ella, la consciencia, como si de La muerte de Ofelia se tratara.
Las experiencias místicas siempre han sido un tema recurrente en la historia del arte, y un ejemplo de ello es la obra escultórica del artista barroco Gian Lorenzo Bernini. En El Éxtasis de Santa Teresa recogió ese instante de arrebato místico en el que, algunos historiadores han visto en su rostro un fenómeno orgásmico.
Las fotografías descubren un recorrido. De izquierda a derecha el sujeto accede a los diferentes estadios que preceden a esta pérdida de consciencia, al casi ahogamiento. Así, el espectador encuentra ante sí un rostro que toma aire consciente del siguiente paso, sumergirse en el agua. Al caminar nos topamos con el mismo sujeto en el que, como si de un espejo se tratase, se descubre las imágenes de toda una vida en una mirada, unos ojos horrorizados, quizás por arrepentimiento, tal vez por pretensión. Fotografía a fotografía los músculos se van relajando y el cuerpo va perdiendo presencia, está vacío, ahora es ingrávido.

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