Un banquete es un almuerzo o fiesta pública generalmente celebrada al aire libre, que se completa con platos principales y postres. Por regla general sirve a un propósito festivo o de celebración, tal y como puede ser: la celebración de un evento familiar, una boda, una ceremonia. Uno de los principales objetivos del banquete es la reunión en torno a una mesa y el deleite común de los sentidos, no es de extrañar que la importancia de un banquete se llegue a medir por el número de invitados. La persona que convoca, organiza y corre con los gastos del banquete se denomina
anfifrión y es a la que se suele dedicar y agasajar en algunas de las celebraciones culinarias realizadas sobre la mesa.
El banquete de la Bienal cumple su segundo año y abrirá sus puertas hoy 6 de marzo hasta el próximo 3 de mayo. Con más de 400 invitados y 2 millones de euros, esta fiesta de... bueno, esta celebración institucional, ha elegido como carta de presentación,
el silencio. No cuestionaré el papel de la Bienal de Arquitectura y paisaje porque soy de las que creen que, cuanto más se haga en materia de cultura, mejor. Así que no vamos a preguntar por lo que nunca quisimos saber.
Juan Manuel Palerm es el anfitrión-director y, su discurso como tal, anuncia que esta Bienal ha nacido al concebir el paisaje como experiencia individual. "Sentimos el ambiente que nos circunda, vivimos el espacio-territorio en modo personal, cargado de sentidos y de memorias, de momento tópicos; pero al mismo tiempo necesitamos de la mirada pública del paisaje social capaz de garantizar el sentido de nuestro devenir." Palerm ha decidido no hacer intervenciones directas al aire libre en esta edición.
A priori se plantea como un foro, un encuentro para conocer y analizar las alternativas al paisaje y etc...pero, ¿hasta donde llega la Bienal? ¿Ha quedado algo en la memoria sobre las exposiciones y los debates de la primera edición? Quiero escuchar los nombres de artistas que participaron en la edición anterior, conferencias, talleres...un, dos, tres, responda otra vez.
En esta ocasión más de doscientos artistas y autores, entre fotógrafos, escultores, pintores, arquitectos, ingenieros, biólogos y profesionales de otras disciplinas, algunos de ellos, los principales especialistas internacionales en materia de paisaje, participan en el programa de la segunda edición de la Bienal que comprende dos grandes exposiciones,
Inmersiones, en Gran Canaria, y
Escenas y Escenarios en Tenerife, diecisiete seminarios, siete conferencias, una performance teatral, dos conciertos y las exposiciones de los talleres universitarios y de las Escuelas del Paisaje. Vamos a darle una oportunidad, a pesar de tener que viajar a Gran Canaria para ver las mejores muestras que se han organizado.
Las comparaciones son odiosas, o eso se dice, pero lo voy a hacer entre "la feria del circulito verde" y un conocido de la casa,
Fotonoviembre. Este banquete cultural ha conseguido tener nombre propio y ocupar la mayoría de las salas de exposiciones. La que hoy se inaugurá no termina de empastar con la gente, cuando se habla de ella solo unos cuantos sabrían explicar, con exactitud, lo que significa y el porqué de la Bienal de Arquitectura y paisaje. Tan sólo hay que echarle un vistazo al catálogo que recoge todo lo que se podrá ver en este evento y comprobar que el
caos reina en cada una de sus páginas donde, además, hay que ir girando el propio catálogo para poder leerlo. Si es una una estrategia comercial creo que deberían despedir al responsable.
Aún así acudiré a algunas de las citas que se han programado ya que, aunque al margen del mundo real, La Bienal ha encontrado algunas cosas interesantes, entre ellas la exposición del
CAAM en Gran Canaria. Además será interesante seguirle la pista a nuevos espacios que parecen que surgirán a raíz de todo este vaivén cultural. Pero eso ya es otra historia.
Difícil no cuestionar cuando todo es cuestionable.